CAMBIO
CLIMÁTICO: CONFERENCIA DE KATOWICE – COP24
(noviembre
2018)
La 24 Conferencia de las Partes (COP24) de la Convención
Marco sobre Cambio Climático de Naciones Unidas tuvo lugar en noviembre de 2018
en Katowice (Polonia) y tenía un objetivo claro: culminar el mandato de
finalizar y aprobar las reglas de funcionamiento del Acuerdo de París. Desde que
se aprobara el Acuerdo de París en 2015, y con su entrada en vigor en un tiempo
récord y completamente inesperado, los negociadores han tenido únicamente tres
años para esta tarea.
Unas
reglas robustas de funcionamiento son el motor que hará posible y útil el
Acuerdo de París. Las reglas dan respuesta a aspectos tan complejos y
relevantes como la forma y contenido de la información que deben proporcionar
los países cuando comuniquen sus contribuciones nacionales, cómo va a funcionar
el sistema de revisión quinquenal de estas contribuciones, cómo van a
realizarse las evaluaciones del progreso colectivo, cómo va a fiscalizarse la
financiación que proporcionen los países desarrollados y cómo van a explicar
los países en desarrollo a qué fines han dedicado esta financiación, o cómo van
a funcionar los nuevos mecanismos de cooperación.
En las negociaciones
de todos estos temas, dos han sido los aspectos más conflictivos: la
diferenciación y la financiación.
El
problema de la diferenciación, ahora también llamada bifurcación, hace
referencia a las distintas capacidades y responsabilidades entre los países
desarrollados y en desarrollo, siguiendo una reivindicación histórica de estos
últimos que, con el Acuerdo de París, han visto roto este esquema que les
favorecía eximiéndoles de responsabilidades. Así, el Acuerdo de París equilibra
el terreno de juego, exigiendo compromisos y esfuerzos de todas las Partes
respetando las circunstancias particulares de aquellos países que necesiten
mayor apoyo y capacitación. Finalmente, agotadas las negociaciones técnicas,
los Ministros consiguieron acordar unas reglas que aplican a todas las Partes y
marcan esa flexibilidad en la medida y aspectos en que sea justificada.
El otro
gran tema fue el de la financiación, y en concreto la petición de los países en
desarrollo de certidumbre sobre la materialización de los compromisos de
financiación y de disponer con antelación de información clara sobre la que van
a recibir de los países desarrollados: cantidades y calendario. También con la
intervención de los Ministros, se han acordado una serie de reglas y la
celebración de reuniones ministeriales específicas que permitirán la evaluación
periódica de la financiación y el compromiso de comenzar en 2020 a definir el
nuevo compromiso a partir de 2025 aportando mayor certidumbre.
Dado el
contexto político, con la ausencia de Estados Unidos y Brasil en primera línea
de las negociaciones, es obligado hacer una valoración positiva del cierre de
las reglas del Acuerdo de París, mucho más complejo técnicamente de lo que
puede parecer a simple vista, con la salvedad de las reglas relativas a los
mecanismos de cooperación, que se finalizarán en el año 2019.
Aparte de
las negociaciones de las reglas del Acuerdo de París, hay otros aspectos
destacables; por una parte el debate sobre el aumento de la ambición y por otra
el papel cada más presente en estas cumbres de la sociedad civil.
Sobre la
ambición, en la cumbre se cerró el llamado Diálogo de Talanoa,
un proceso en el que durante todo el año 2018 se han ido recogiendo las
aportaciones de gobiernos y sociedad civil y que ha resultado en una
metodología muy exitosa que ha culminado con un dialogo político y un informe
de síntesis que sienta las bases para la necesaria reflexión en torno a la
situación actual y la brecha entre los compromisos actuales y los necesarios
para cumplir el objetivo de los 2 ºC, no digamos el de 1,5 ºC. Todo esto ha
venido acompañado además de la publicación del informe especial del Panel
Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) que pone de manifiesto que
al ritmo actual se alcanzará el incremento de 1,5 ºC entre 2030 y 2050 y que aún
hay una ventana de acción si se reducen las emisiones de manera significativa en
los próximos años. La posición de algunos países en contra de incluir con
fuerza los resultados del informe en las decisiones de la cumbre generó
bastante frustración.
En cuanto
a la sociedad civil, merece la pena destacar la participación cada vez más
activa de las empresas, presentando soluciones y compromisos. De los jóvenes
reclamando mayores compromisos de los gobiernos. De las ONG’s
ambientales pidiendo mayor ambición. Y de los temas sociales, centrados sobre
todo en esta cumbre en los aspectos prácticos de la transición justa y solidaria,
y su papel esencial en el nuevo modelo de sociedad al que debemos dirigirnos
para hacer realidad los compromisos adquiridos.